DOMINGO CONSCIENTE
Tu
mejor momento
no tiene una edad

Hay una frase que a veces decimos sin pensar demasiado:
«En mis mejores años».
Casi siempre la acompañamos con una fotografía antigua. Una cara más joven, otra etapa, una versión de nosotros que parece haberse quedado allá, en algún lugar al que ya no podemos volver.
Pero ¿quién decidió que nuestro mejor momento tenía que quedar detrás?
Tal vez hubo años con más energía y menos preocupaciones. También pudo haber más inseguridad, menos claridad y una manera de vivir que hoy ya no escogeríamos. Recordar con cariño es hermoso. Dar por terminado lo mejor de nuestra vida es otra cosa.
¿Qué significa realmente envejecer?
Envejecer es un proceso biológico real. Nuestro cuerpo cambia con los años, y no basta con pensar positivo para evitarlo. Pero esos cambios no ocurren de la misma manera ni al mismo ritmo en todas las personas.
La edad que cumplimos cuenta una parte de nuestra historia. No nos dice, por sí sola, cómo nos movemos, qué podemos hacer, qué nos entusiasma o cómo nos sentimos al despertar.
Por eso, cuando pensamos en vivir más, también vale la pena preguntarnos cómo queremos vivir esos años. La Organización Mundial de la Salud sitúa el envejecimiento saludable en la capacidad de seguir haciendo aquello que valoramos: aprender, movernos, relacionarnos y participar en la vida. Una mirada mucho más amplia que contar cumpleaños o arrugas.
Quizá, en lo cotidiano, eso se parezca a poder hacer ese viaje que tenemos pendiente. A conservar la libertad de decidir sobre nuestro día. A seguir disfrutando de una conversación, un paseo o un nuevo proyecto.
A veces, cuando empezamos a reservar tiempo para nosotros, aparecen opiniones.
Y entonces sentimos que debemos justificar por qué queremos descansar, movernos, alimentarnos con más atención o dedicarle tiempo a nuestra apariencia.
Querer verte bien puede formar parte de tu bienestar. Puede ser una manera de expresarte, de reconocerte, de disfrutar de ti. No necesita convertirse en una obligación, ni determina cuánto vales.
También tienes derecho a cambiar tus prioridades. A irte temprano si necesitas dormir. A rechazar algo que no te hace bien. A escoger un plan distinto sin convertirlo en un juicio sobre quienes eligen otra cosa.
No todo el mundo tiene que comprender cada decisión que tomas para cuidarte.
Hoy no quisiera invitarte a perseguir la persona que eras hace diez o veinte años.
Quisiera proponerte algo más cercano: pensar en cómo te gustaría sentirte en esta etapa de tu vida y en qué pequeño gesto podría acercarte a ello.
Escoge una cosa. Algo posible. Algo que nazca del cariño y que puedas sostener sin castigarte.


